La colita es mía, es mía doctor… la inyección no, no, no

Para empezar esto debo decirte que la relación con el médico es fundamental. Vamos, estamos poniendo la vida en manos de alguien, lo mínimo que podemos pedir es que nos caiga bien.

Por ejemplo, mi médico (el hombre al que no le tiembla la voz para decirte que esto es degenerativo, que probablemente en uno años no puedas hacer las cosas sola) es mi especie de confidente. A mí me parece importante que él sepa con quién salgo, si me rompieron el corazón, si estoy feliz en el trabajo, si mis amigas ya tienen hijos y todo lo demás. ¡EXACTO! Sabe de la existencia de todos ustedes. (Si eres un ex sí, me dijo que te deje… jajajaja)

Hay que confiar en el médico porque tendrá que tomar decisiones duras, como internarte o aumentar la dosis de las medicinas porque, en eso creo que estaremos de acuerdo, a nadie le gusta tomar medicinas. Pues bien, además de los interferones o los corticoides, la esclerosis múltiple (EM) requiere tratamientos para la ansiedad y la depresión y es normal que tu médico te los recomiende.

Me encantaría darles una explicación científica, pero tomando en cuenta que soy una persona que basa sus testimonios en el conocimiento empírico, es normal que nos deprimamos. ¡Carajo! Uno está lidiando con un montón de miedos y en la parte química, también nos están “bajando las defensas”, en todo sentido. Así que, en mi caso, procuro que el tiempo que tomo ansiolíticos o antidepresivos sea el menor posible.

De hecho, llego donde mi médico (que no es solo mi confidente porque desde hace algunos años es mi suegro aunque su hijo aún no lo sepa. Pero tranquilos que entre él y yo está todo claro ya que nos vamos a ver toda la vida. Risas grabadas), entro al consultorio, miro las fotos, pregunto por “mi novio”, hacemos un par de bromas y conversamos. Hay que entender que esto es parte de la vida, que cómo nos vaya en el trabajo, en el amor o en los estudios, todo, TODO tiene que ver.

He llegado al médico diciéndole que “no hay cama pa tanta gente”, porque las medicinas, la enfermedad, la vida, te pueden poner un poco irritable y hacer que sientas que no aguantas a nadie, que no te aguantas a ti, ni te aguantan. Estas cosas empiezan con las pocas ganas de ver a la gente que quiero, después me molesta todo de todos y supongo que me pongo insoportable también. En ese momento es cuando mi médico llena una receta y me da esas pastillas.

Lo que hay que saber de esos tratamientos es que son “opcionales”. Es decir, en cuanto sientes que puedes llevar una vida normal tu médico te los retirará y así no tendrás esa sensación de que todo pasa lento alrededor o que no te afecta nada por mucho tiempo: tener esa convicción siempre ayuda. Hay que aceptarlo, esas pastillas tienen su gracia pero en cuanto siento que puedo sola con mi vida es hora de dejar las rueditas auxiliares de la bicicleta y volver a la vida normal.

También hay medicinas para los otros síntomas. Yo no me quejo, la he pasado bien con las pastillas. No sé si soy yo pero si el médico dice “te va a dar un poco de sueño” hago que la Bella durmiente parezca una aprendiz y regularmente me pongo muy chistosa. Hay que divertirse, es parte de esto, no todo es malo.

Entonces, si confías absolutamente en tu médico sabrás que cuando él escriba la receta lo hará porque es necesario. Haz como yo, que confío en mi suegro, EN MI SUEGRO. La próxima que te manden unas pastillas divertidas disfruta, baila, vuela… y me cuentas.

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2 thoughts on “La colita es mía, es mía doctor… la inyección no, no, no”

  1. Hola Gaby, me ha hecho gracia con un solo post tuyo haberme sentido taaaaan lejos de ti (mi neuro no sólo no es mi suegro, tampoco tengo buena, ni casi ninguna, relación con él) y taaaaan cerca (cuando hablas de los ansiolíticos).
    Me ha gustado el post!
    Un abrazo, Cleo (@somosem)

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